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volem menjar...

Dimecres 24 Gener 2007 - 00:00



Desde que llegamos a África que tenemos ganas de decir que de lo que se siembra, se recoge. La primera noche pensamos en salir a cenar algo. Jacinta, en recepción, se sorprendió mucho de que pretendiéramos salir solos a esas horas. Nos recomendó un restaurante y nos llamó un taxi. Ese día parecía que todo iba a ser así: coche desde el parking del hotel atravesando las dos puertas de seguridad, para bajarnos en el parking del restaurante, tras pasar la debida puerta de seguridad. Nuestra sorpresa fue que el Casablanca tan solo estaba a 500m del hotel. Nos sentimos tan estúpidos. Pasados algunos días hemos confirmado que efectivamente no era una zona muy segura para los “blancos”. Desde el taxi veíamos pequeños grupos de personas al lado de una hoguera, durmiendo debajo de un árbol, sentados en una esquina…. sin esperar nada del día siguiente. Cómo no iban a querer robarte la cámara o el móvil si vale más de lo que probablemente ganan en medio año haciendo trapicheos, limpiando zapatos, revendiendo frutas casi podridas o pasando drogas. Ese día esperando el taxi de vuelta empecé a sentir lo que no dejaría de sentir los siguientes días. No puedes vivir en la parte del mundo que esclavizó, colonizó y que ahora explota y pervierte mirando para otro lado; mientras les cobra una deuda externa que nunca nos debieron y que les exprime hasta la muerte. No se puede pertenecer a ese mundo y pretender sentirte seguro.


Este mediodía la sensación se nos ha vuelto a cruzar en la garganta, mientras comíamos en una de las carpas del foro. De repente, en veinte segundos, todos los empleados han empezado a esconder las cajas registradoras, el ordenador, a cerrar neveras, a recoger botellas de licor… Nadie entendía nada, hasta que empezamos a oír una especie de cántico: We want food, we want food… Un grupo de unos 150 niños y adolescentes de la calle se ha acercado gritando para hacerse visible. En un par de minutos no quedaba comida en ninguna bandeja del buffet. Se produjo un asalto, sin violencia, a la comida del restaurante. La policía no tardó en aparecer. Los niños salieron en estampida nada más verlos con las porras en la mano. Alguno fue alcanzado hasta que un activista francés les increpó que pegaran a un europeo delante de las cámaras. Hoy podemos asegurar que la solidaridad se respira en el Foro de tal forma que incluso cuando nos hemos acercado a entrevistar a los empleados nos mostraban su apoyo. Nadie que haya visto una sola cara de un niño hambriento de la calle podría criminalizar su acción. Los que nada tienen que llevarse a la boca no podían pagar los 500kshs que cuesta la entrada. Pero los líderes de sus comunidades lograron negociar la entrada gratuita. Una vez dentro se dieron cuenta de que allí había mucha comida y que todo el mundo comía y decidieron reclamar, o más bien exigir ese derecho. El derecho de todo ser humano a comer. ..We want food… we want food…we want food…
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