el conte del petit colibrí
Dimarts 23 Gener 2007 - 00:00
Wangari Maathai, Premio Nobel de la Paz en 2004, por su contribución al desarrollo sostenible, la democracia y la paz con su lucha a favor de la protección de los bosques concluía su charla recordándonos que en África mueren ocho millones de personas cada año, con el agravante de que se podría prevenir. Y nos recordaba a los que estábamos allí y que habíamos visitado en el primer día del foro los barrios marginales del sudoeste de la ciudad que esas caras que vimos son las de esos ocho millones de personas que van a morir. Y van a morir porque el gobierno no puede facilitarles el acceso a medicinas y hospitales porque tienen que pagar la deuda externa al mal llamado “primer mundo”. Nos animaba a que cuando nos sintamos abrumados por los enormes retos que deberíamos afrontar, cambio climático, pobreza, deuda externa… y nos preguntemos ¿pero qué puedo hacer yo? recordemos una historia que ella aprendió en Japón, la historia del pequeño colibrí. Siguiendo la tradición africana de la rica cultura oral, Wangari concluyó con la siguiente historia:
Un gran fuego empezó en un bosque. Grandes llamas iban creciendo y todos los animales iban saliendo temerosos del bosque. Todos los animales huían, excepto un pequeño colibrí que desde lo alto de un árbol, aún a salvo, decía “voy a hacer algo con este fuego”. Entonces, el colibrí voló hasta el arroyo más cercano y cogió un poquito de agua con su pequeño pico. Voló de vuelta hacia el creciente fuego y volvió otra vez y cogió otro poquito de agua y lo dejó caer sobre las llamas. Y continúo haciéndolo a una velocidad que no se puede ni explicar. Mientras tanto, todos los grandes animales, desde fuera del bosque, miraban al colibrí y le decían, “colibrí, pequeño colibrí, no puedes continuar haciendo eso, no puedes hacer nada contra el fuego. No tienes ningún poder frente a esta gran máquina del fuego”. (Esta gran máquina del fuego podría ser la gran máquina de las instituciones financieras, nos contó despertando risas entre el público). El pequeño colibrí no les prestaba ninguna atención y continuaba yendo de un sitio a otro, hacia arriba y hacia abajo, trayendo un poquito de agua cada vez. Todos los animales que le observaban desde fuera del bosque seguían desanimándolo, recordándole la magnitud de las llamas. Pero para quitarse este desánimo, se paró un momento en sus ires y venires y dijo. “Estoy haciéndolo lo mejor que puedo”. Y eso es lo que todos nosotros deberíamos hacer, sencillamente, hacerlo lo mejor que podamos.
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